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Miércoles, 21 de diciembre de 2022

Borja Saracho, Director y uno de los fundadores de la bodega, explica que “los vinos cambian positivamente a profundidad gracias a unas modificaciones químicas”. Aunque lo que más sorprende a los consumidores es, según señala, que “una vez abres una botella de vino sumergido, cada 15 minutos cambia a mejor en un proceso que puede durar hasta tres días”.

Borja Saracho, Director de Crusoe Treasure
Borja Saracho, Director de Bodegas Crusoe Treasure. Foto: Cedida.

Crusoe Treasure da nombre a la primera bodega submarina del mundo, que se encuentra en la bahía de Plentzia (País Vasco). Lo que comenzó hace unos años como un proyecto para estudiar la evolución del vino en profundidad, ha dado lugar a un pionero negocio que está llamando la atención de amantes del vino y enólogos de los cinco continentes. 

Borja Saracho, Director y uno de los fundadores de la bodega, indica que “durante el estudio descubrimos que los vinos cambian positivamente debajo del mar gracias a unas modificaciones químicas que afectan a sus propiedades organolépticas, algo que se valoraba por los clientes potenciales de este tipo de productos. Así es como nos lanzamos a crear la marca”.

Actualmente, Bodegas Crusoe Treasure cuenta con unas instalaciones en el fondo marino formadas por dos estructuras de hormigón y acero que tiene la capacidad de almacenar hasta 25.000 botellas simultáneamente. Provienen de una concesión de 500 m2 que consiguieron durante su estudio del envejecimiento del vino en profundidad, aunque recientemente han sido ampliadas.

“Un vino nuevo cada 15 minutos”

La maduración en profundidad dota al vino sumergido de unas características muy diferentes a las que tiene el vino terrestre. Tal y como explica Saracho, “conseguimos un vino mucho más sedoso, fácil de beber, equilibrado y con la aridez perfecta. En definitiva, un vino más redondeado.”

Aunque lo que más suele llamar la atención son los cambios repentinos positivos que tiene este vino. “Una vez abres una botella de vino, cada 15 minutos cambia a mejor en un proceso que puede durar hasta tres días. Esto significa que cada cuarto de hora tenemos un vino nuevo mejorado, lo que sorprende a propios y extraños”, explica el Director de Bodega Crusoe Treasure.

Vinos almacenados bajo el mar en la Bodega Crusoe Treasure
Vinos almacenados bajo el mar en la Bodega Crusoe Treasure

La firma cuenta con diez viñedos repartidos por toda la península y es Antonio Palacios, el enólogo de la bodega, el que se encarga de toda la producción. Todos los vinos pasan por barrica y, una vez embotellados, es cuando se introducen en las infraestructuras marinas. “Debajo del mar tienen la influencia de la luna, las mareas, el viento o la luz, factores que no podemos controlar. Pero sí que sabemos por nuestros años de estudio que el movimiento constante y los continuos cambios de temperatura y de presión afectan a la evolución diferente del vino”, asegura Saracho.

Para demostrar la calidad del vino, la compañía ha preparado los llamados packs Duet, donde un cliente puede comparar el vino Sea Soul con el mismo envejecido en tierra. Además, también ofrecen visitas y catas en sus instalaciones con la característica de que la bodega se visita con un paseo en barco. Así lo señala Saracho, el cuál afirma que, “vienen amantes del vino de todo el mundo, coleccionista, bodegueros italianos, prensa especializada… que vengan profesionales del vino es el mayor respaldo que podemos tener.”

Del laboratorio a las Bodegas Crusoe Treasure

“Cuando empezamos con esto nos llamaban locos”, así es como indica el fundador de Bodegas Crusoe Treasure como fueron los inicios de esta marca de vinos. Las pruebas en laboratorio, al ser una cuestión totalmente pionera a nivel mundial, se realizaron con el sistema de prueba y error.

El laboratorio construido en las profundidades del mar sirvió también como un arrecife artificial para ayudar a que la vida marina pudiera aclimatarse en un hábitat donde pudiesen vivir con normalidad, a la vez que se almacenaban botellas de vino. Ese laboratorio se fue llenando de vino procedente de diferentes zonas de España, el cuál era catado y comparado con su homólogo terrestre cada tres meses por enólogos para comprobar la evolución.

Tras los buenos resultados, decidieron dar el paso adelante y montar su propia firma de vinos sumergidos, aunque desde la bodega nos aseguran que “no vale cualquier tipo de vino, tienen que tener una categoría especial y no vale sumergirlo en cualquier lugar, tiene que tener su técnica y su sistema”.

En estos momentos, Bodegas Crusoe Treasure sigue siendo pionera en este segmento y vende sus vinos por todo el mundo, aunque desde la compañía cuentan con el reto de seguir aumentando y diversificando los mercados, con la idea de sacar nuevos vinos para el próximo año.

Más información sobre Bodegas Crusoe Treasure aquí.

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